HOME › Convertidos pela Virgem Maria › Abraão Soler, um doente de lepra
Abraham Soler, un enfermo de lepra, morfinómano, ciego que se convirtió al catolicismo y a raíz de su bautismo se liberó de la tiranía de la droga. En su libro "Estoy ciego y nunca vi mejor" cuenta su terrible historia.
"Hace seis años estaba yo internado en la leprosería de la isla del Cerrito. Había perdido la vista. Atenazado por atroces dolores, sumergido en el caos espiritual, los médicos contemplaban impotentes mi sufrimiento físico y moral y recurrieron a un remedio heroico pero terrible: la morfina. En una semana de aplicación diaria me convertí en un esclavo de la droga... Durante un año y medio fui un pobre atormentado por la necesidad de obtener diariamente tres o cuatro raciones de morfina.
Perdí la voluntad, la dignidad... Pero un noble misionero supo vislumbrar un destello de esperanza en mi alma y me bautizó... Una noche tomé la determinación de volver a ser lo que había sido, abandonar la morfina para convertirme en un infatigable batallador de nuestra hermosa fe cristiana. Tenía dos armas: mi ROSARIO y mi voluntad.
Los médicos me dijeron que la lucha era imposible, que para que un morfinómano abandonara la droga era necesaria la internación en sanatorios especiales bajo la vigilancia de neurópatas... pero yo contaba con la palabra
de Jesucristo que dijo: "en verdad te digo que tu fe te ha salvado". Y tomé mi resolución: no me inyectaría ni una gota más de morfina. Si alguien que lea esto conoce medicina, sabrá que lo que sigue sólo puede atribuirse a dos cosas: un milagro de la Santísima Virgen y la voluntad de un hombre que creía ciegamente en la posibilidad de un milagro... La angustia me acometió en las horas en que habitualmente se me colocaba la inyección por la mañana y por la tarde... Caía de rodillas y pedía fortaleza al Señor. "Cuando todos se fueron a descansar, tomé mi ROSARIO y me resolví a luchar. Pedí misericordia y clemencia a la Virgen con mis oraciones más tiernas y Ella me escuchó.
Diecisiete veces, las conté una a una en mi angustia, inicié el camino hacia la habitación donde hacía guardia el enfermero. Una sola palabra me hubiera bastado para obtener la inyección, pues tenía órdenes expresas en este sentido debido a que ningún médico creyó en la posibilidad de éxito. Nadie creía que yo, débil criatura, lleno de dolores, pudiera resistir. Pero cada vez que llegaba hasta la puerta y ya iba a llamar, con esa misma mano me aferraba fuertemente a mi ROSARIO y lo rezaba lentamente para ahuyentar de mi espíritu la tentación infernal. Diecisiete veces recé esa noche el rosario y cuando por fin me tiré sobre el lecho, me quedé dormido, milagrosamente dormido.
Después vinieron los días de restablecimiento, aún tuve luchas aisladas, pero las vencí fácilmente. Ahora, cuando recuerdo aquella gran prueba me salen del alma las más tiernas oraciones para dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen... Cuando por mis dedos pasan las cuentas del viejo rosario, sonrío: mi alma se ha llenado de paz. "
Abraham Soler ya partió para la eternidad. Este es el testimonio de un hebreo, comunista, adicto a la droga que, con María, refugio de pecadores, se convirtió en un ferviente católico de comunión diaria.